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INVITACION

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Atte. Leobardo.

jueves, 13 de agosto de 2009

ACTEAL

ACTEAL

En complicidad

Contra sus hermanos de sangre

Contra sus hermanos indígenas

El trabajo en el Ejército

El puesto en la policía

Los han hecho profundamente

Distintos.

Anónimo

El epígrafe anterior se encuentra al lado de la fotografía de dos camiones del ejército en un camino de terracería que venían de frente antes de llegar a una curva. Junto al camino se observan unas casas como las muchas que hay por en la montaña. La foto ha ido perdiendo sus colores por los efectos del sol, quizá de tanto exponerse por las tantas veces reclamada justicia para el pueblo de Acteal.

El pasado martes se manifestaron alrededor de trescientos indígenas tzotziles, acompañantes de los y las sobrevivientes de la masacre cometida en 1997 donde fueron asesinados por un grupo de paramilitares sus padres, sus compañeros, sus hermanos, sus hermanas, sus hijos e hijas. Cuarenta y cinco personas asesinadas del pueblo de Acteal les hizo "la navidad mas triste" como dice en otra fotografía.

Las fotografías están colgadas en un tendedero en el lateral de una carpa instalada al centro de la plaza frente a la catedral. Ahora hace dos días que ahí se dio la conferencia de prensa donde se anunció la resistencia a la entonces pretendida decisión de la SCJN y allí es donde como parte de la jornada de ayuno y oración, la comunidad de Acteal pusieron el Altar Maya "que es como se adora a nuestros abuelos" dijo Antonio, orador por parte de "Las abejas" organización civil que lleva el evento.

En ese mismo lugar y antes de que comenzara la ceremonia religiosa que oficiaría el obispo, se veía a activistas integrantes de otros organismos por doquier, ya acomodando el sonido o haciendo otras tareas importantes que se ofrecían, como por ejemplo, el estar a la expectativa de que nada extraño sucediera.

San Cristóbal es una comunidad politizada desde hace muchos años y un foco donde el gobierno tiene su mirada puesta. No en vano al llegar a la explanada había a policías federales con sus armas largas a la mano. Algo que no había visto el día anterior, pero que luego supe esta vez estaban dispersos por distintas partes del centro de la ciudad.

Antes de que llegaran los y las manifestantes que hacían un recorrido por las calles de la ciudad, un joven con vestimenta de mezclilla y sombrero estilo vaquero tomó el micrófono y grito primero en español y después en tzotzil:

¡Que viva la sociedad civil de las Abejas!

¡Si Cristo no esta muerto entonces donde esta!

¡Vivan los pueblos organizados!

¡Viva la diócesis de San Cristóbal!

Es evidente que hay un fuerte lazo religioso en esta lucha y una activa participación de la iglesia católica en la defensa de los pueblos indígenas. Sin embargo, es inevitable para el que llega de fuera sorprenderse por lo que aquí sucede. Por ejemplo, ver al obispo Felipe Arizmendi en la explanada en medio de la gente, caminando y observando, y tal vez mostrando con su presencia como aquí funciona el poder.

Alguien me dijo que cuando llegó, Arizmendi tenía posturas muy conservadoras pero que había cambiado.

Habría que cuestionarse si por el seno de donde se formó el obispo éste pueda haber transformado sus posturas políticas. De hecho, de la misma manera no se puede dejar de notar que no hace mucho el obispo oficio la boda de la hija de Emilio Chuayfett Chemor, político reconocido del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y que según analistas, probablemente sea quien presida el grupo parlamentario de ese partido en la próxima legislatura. A la boda por cierto, asistieron personajes de la clase política como Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto, entre otros[1].

El sol es fuerte a mediodía y cala en las cabezas de todos quienes estamos allí, esperando. Tenía razón el joven del sombrero vaquero cuando anunció que iba a haber una ceremonia, que no nos desesperáramos “los visitantes”, que “hay sol pero así es la vida”. Se refería a que las condiciones aunque no fueran las optimas eran las que eran y habría de suceder lo que tenía que suceder me dijeron luego otras personas.

Al llegar los manifestantes a la plaza dieron tres vueltas en “caracol” para pedirle a Dios que les ayude a que la suprema corte no “suelte” a los detenidos. Luego se acomodaron a los pies de la catedral, en la escalinata y en dos grupos. En uno las mujeres y en otro los hombres tal y como es la tradición. Hablan en lengua originaria. Se acerca el obispo y a cada uno y una le da la bendición en la testa cuando se inclinan para reverenciarlo. ¡Viva nuestro Obispo Felipe! Grito Antonio.

Es el que habla más ante el micrófono aunque participan otros tzoziles como el padre Marcelo y Verónica. Todos y ella hablan con convicción en su lengua. En “castilla” son más lentas sus palabras cuando dirigen sus discursos a los visitantes. Pero las ideas nunca dejan de ser claras. Yo no entiendo, sólo distinguí la palabra “armas” y “venganza”. Después supe que era por el miedo de lo que aconteciera si liberaran a los detenidos.

El público en general, los representantes de los medios de comunicación, una vendedora primero, luego un vendedor, todos y todas estábamos absortos en lo que decía Antonio. La vendedora estaba arrobada, tenía una mirada limpia, como si entendiera claramente lo que él decía... me daba la impresión de que eran más claros sus ojos cada que quien hablaba mencionaba a Dios y a los asesinos. ¡Ya se escuchó que la suprema corte de la justicia de la nación va a soltar a los paramilitares!

¡Sólo confiamos en Dios porque es él el único que juzgará! Y agregó desatando las risas de los presentes: “que abra los oídos a los sordos”. Antonio viste su sombrero de colores con listones que cuelgan. Porta una especie de jorongo negro con pelusa. Pantalones cortos de manta y huaraches. Su rostro es moreno y de nariz afilada.

En cada palabra se le nota la energía. Sabe muy bien lo que quiere, esa impresión queda cuando uno le oye decir: “nuestras juerzas, nuestros corazones”... “Los sobrevivientes de Acteal no tienen temor de ir a la Ciudad de México”... “La suprema corte de la justicia... (Se da tiempo para corregir) de la injusticia”. Nuevamente risas por su picardía que llena de placer antigobierno...

El ambiente no deja de ser extraño para el visitante que ha leído en los periódicos de lo que aquí acontece.

Un joven toma fotografías con su celular color anaranjado. Dos jóvenes tallan, lijando, la enorme cruz de madera que esta al centro de la plaza y frente a las puertas de la catedral. Mientras rezan el padre nuestro con fervor los manifestantes, hincados, algunos de ellos inclinados ante la pared de la iglesia, se escucha el murmullo tzotzil mezclado con la monótona música de un violín, un arpa y una guitarra.

Los reporteros se mueven de un lado a otro, también los extranjeros con sus cámaras buscan la mejor toma. Un vendedor de pelotas y muñecos inflables también retrata la ceremonia. ¡Ave maría purísima! Se escucha en coro mientras hay mucha otra gente sentada a lo lejos en las bancas descansando, otros boleándose los zapatos con uno de los tantos boleros que hay en esta ciudad y mas y mas turistas que pasan y que ni siquiera voltean para ver la ceremonia.

Al fondo pasa “El coleto”. Así se llama el transporte de turistas desde donde una joven con su cámara de video graba a distancia, desde la calle donde no hacía mucho había pasado un jeep color rojo con parlantes en el toldo que anunciaba los programas de gobierno para que las mujeres accedieran a proyectos productivos. Hasta hoy supe que el nombre del transporte turístico corresponde a aquellos que no son indígenas y que se asumen como los “nacidos” en San Cristóbal, la ciudad de las Casas.

Al terminar la primera oración, el coro de Acteal conformado en su mayoría por mujeres y sólo cinco hombres, suben a la escalinata de la iglesia. Antonio anuncia su participación. Es un canto singular, atractivo. En el claman por los hombres y las mujeres masacrados. La estrofa es rica en ideales, sin metáforas:

No, no puedo callar

No, no puedo callar

No puedo pasar indiferente...

… Me van a perdonar amigos míos

pero yo tengo compromiso

y tengo que cantar la realidad

Después de la presentación del coro el padre Marcelo dio un discurso que se preocupo en aclarar: “Esta no es mi palabra, es la palabra de Dios”. Y entonces, basándose en un pasaje de la Biblia dijo entre otros a los presentes que son ¡Felices los que tienen hambre de sed y justicia porque serán saciados! Al terminar, Antonio hizo saber a los manifestantes y el público en general que íbamos "a entrar (a la catedral) en procesión porque nos espera el obispo”.

En la misa se leyó a San Mateo, Cáp. 18. Y el obispo Felipe Arizmendi lo comentó diciendo "que a Dios le duele que maten a los más pequeños" y agrego que “para Dios no somos indiferentes”. Dijo a la comunidad de Acteal: “Ante Dios ustedes valen mucho”... “Aunque el mundo no comprende, Dios si comprende”... “hay personas que a ustedes los desprecian”

Y advirtió. “cuidado con despreciar al más pequeño”.

¿Que significa que el Obispo diga eso?

"No tengan miedo"

“Dios esta con nosotros, no tengamos ninguna duda”...

Finalmente, el obispo leyó en tzozil la última parte de la misa. Luego el padre Marcelo nos hizo saber a los visitantes que se danzarían tres piezas que iban a tocar los músicos de San Pedro Chenalhó, pero que no es folclor, sino que es la forma de rezar de ellos “con el cuerpo”.

Así fue como comenzó nuevamente la monótona música y el monótono danzar en una reverencia ante el Dios que esta allí dentro de la catedral. El Obispo Felipe Arizmendi y el padre Marcelo también danzan frente al Cristo Crucificado. Toda comunidad baila. Y nuevamente las fotografías de los reporteros y algunos, muy pocos de los turistas.

Al terminar la danza habla nuevamente Antonio, dice algunas cosas... sólo distingo que recuerda a Fray Bartolomé, A Samuel y al obispo Vera. Y entonces como si siguiera musitando eternamente, de alguna manera dejando de ser el Antonio fuerte, el de carácter que allá afuera hablaba alto, con autoridad horizontal ante su pueblo, le dijo al Obispo Felipe Arizmendi:

¡No nos abandone!

Ayer miércoles la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) falló sobre el amparo que daría pie a la anunciada y posible liberación de 20 de los detenidos, acusados desde entonces de ser los perpetradores del crimen contra el pueblo indígena. Así, serán liberados solo una parte de los muchos acusados de la matanza. Aunque cabe señalar, que hay más prisioneros y que hubo algunos que nunca pisaron y tal vez ni pisarán la prisión: los que entonces estaban en el gobierno.

Sin embargo cabría preguntarse si la SCJN victimiza doblemente a una de las dos partes involucradas o de no fallar como lo ha hecho, entonces se habría victimizado a otros.

He preguntado sobre la situación anterior y la respuesta ha sido en el tenor de que es la comunidad de Acteal quien señala como los asesinos a quienes puede liberar el gobierno. Y por eso hay que creerles a ellos, me dicen. También debo señalar que esta pregunta la hice en San Cristóbal de las Casas y a alguien que simpatiza con el “Frayba”, la organización fundada por Samuel Ruiz García, quien fuera obispo de esta ciudad y entonces el mas visible defensor de los indígenas desde la iglesia católica.

En tal complejidad, habría que observar los argumentos de la SCJN que afirma entre otros, palabras más palabras menos, que los elementos presentados como prueba no corresponden a los hechos. De la misma manera, también habría que confrontarlos acudiendo a testimonios como el de Lupita, sobreviviente de la acción paramilitar en Acteal y que entonces tenia once años de edad.

Cuenta ella que eran como las dos de la mañana cuando un señor les aviso que venían los paramilitares y que iban a llegar a matar gente. Mas tarde como a las cuatro de la mañana, pasarían las bases de apoyo zapatista y también les dijeron que llegarían los paramilitares. Estaba amaneciendo y narra como se habían juntado "en el campo". Como escuchaban los disparos y como se acercaban quemando casas. De como vio a dos que traían ropa y gorra como de policías, con sus armas. Dice, que eran altos y delgados. Cuenta, que ese día asesinaron a su padre, a su madre y a cinco de sus hermanas.[2]


Desgraciadamente para la comunidad de Acteal o para el sistema de justicia mexicano que sigue evidenciando fallas estructurales, o para los detenidos o quienes vivimos en este país, la Suprema Corte de la Nación decidió amparar a algunos de los detenidos por los asesinatos de aquel 22 de diciembre de la “navidad más triste”.


[1] Ver: http://www.quien.com/circulos/2009/07/12/boda-carolina-chuayffet-y-jorge-lira/83

[2] Ver de la compilación de los textos publicados en el periódico La jornada, en el suplemento mensual del 2005: Triple Jornada. Mujeres de Acteal a 8 años de la masacre. Ed. Pirata, San Cristóbal de las Casas. Chiapas, México. 2006.



JUAREZ, UNA CIUDAD DE DERECHOS.